La post-pandemia y el riesgo de normalizar la inequidad

Por María Angélica Bella. Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos*

Desde que comenzó a instalarse en nuestro país la pandemia del Covid-19, desde el Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos hemos estado organizando diversas informaciones para hacerlas más accesibles, produciendo materiales con recomendaciones, vinculándonos con organizaciones en busca de algunas soluciones que intenten aliviar esta situación. En esta nota –que no está marcada por las urgencias de esas tareas sino más bien por la necesidad de una pausa para pensarnos una y otra vez- hemos recopilado algunos de los interrogantes que se nos presentan recurrentemente, algunas ideas que han estado dando vueltas en este proceso y reflexiones que nos parecen imprescindibles para estos tiempos.
Como dice la filósofa estadounidense Judith Butler nuestras vidas son por definición vulnerables y esa característica es un rasgo que compartimos todas las personas sin excepción ¿Qué queremos decir con esto? Que nuestras vidas pueden ser dañadas de manera voluntaria o accidental y su persistencia no está garantizada de ningún modo.
En esta época que nos toca atravesar, marcada por la presencia de una pandemia de alcance global, esa condición de vulnerabilidad compartida se vuelve muy visible: la epidemia del nuevo coronavirus que empezó en China, que llegó a nuestro país hace unas semanas y que está expandiéndose a gran velocidad por todo el mundo es un hecho que nos preocupa. Y es comprensible que estemos preocupadxs ya que no sabemos a ciencia cierta cuán contagioso o mortal es este virus, ni tampoco conocemos qué tratamientos son efectivos ni si se podrán desarrollar vacunas u otras medidas curativas o preventivas.
Lo que sí sabemos es que hace falta que coordinemos nuestras acciones colectivas, que sigamos las recomendaciones oficiales, que cumplamos cuarentenas, que evitemos al máximo la circulación y que acatemos toda medida que logre reducir la velocidad del contagio porque, si nuestras vidas son por definición vulnerables es mejor que nos vinculemos desde el cuidado y no desde el desinterés o desde el miedo exagerado que lleva, por ejemplo, a que colapsen los sistemas de atención o que haya desabastecimiento de alimentos u otros productos que necesitamos todxs para atravesar esta crisis.

En definitiva pensarnos desde esta vulnerabilidad compartida puede ayudarnos a imaginar modos alternativos de vida en común que se alejen de las miradas individualistas a las que solemos estar acostumbradxs en nuestras sociedades neoliberales.

"¡Las voces que se acallan no se oyen desde acá!" Fotografía de Ana Paula Gauna
«¡Las voces que se acallan no se oyen desde acá!» Fotografía de Ana Paula Gauna

“No estar todo el día en pijama”, “hacer ejercicio dentro de casa”, “organizar la rutina”, “divertirse y divertir a lxs demás”, “jugar con lxs niñxs”, “cumplir con el trabajo y con las tareas de la escuela desde el hogar”, “extremar las medidas de higiene”…son algunas de las múltiples indicaciones que circulan en este momento para soportar la cuarentena.
Estas recomendaciones están orientadas a que logremos adaptarnos y tengamos el mayor rendimiento posible en esta situación excepcional, es decir, a que actuemos de acuerdo a determinados principios y valores que se basan en la responsabilidad individual, el autocontrol y la máxima productividad. Sin embargo, la exposición permanente y excesiva a estas indicaciones sobre qué hacer y el modo “correcto” de hacerlo, en algunas personas también puede ejercer más presión y malestar. En este sentido, tanto o más importante que seguir cabalmente todas esas recomendaciones es atender a la singularidad de cada unx para encontrar estrategias que nos ayuden a pasar el tiempo dentro de los hogares.

Por otra parte, esta pandemia también requiere que pongamos el foco en otros aspectos que trascienden los problemas personales que pueden ser zanjados individualmente, que van más allá de la gestión de nuestras conductas y emociones o de las responsabilidades propias de cada unx.

¿Cómo hacer en estos tiempos para que lo colectivo no se diluya en lo individual? Tal vez a partir de esta situación que nos toca atravesar podamos darnos el tiempo para reflexionar en torno a algunos problemas de larga data, para hacer emerger nuevas preguntas y respuestas, nuevas formas de pensar y actuar, nuevas lógicas para reflexionar sobre la salud, la crisis económica y social, la violencia de género, la discriminación, entre otros problemas.
Un escenario distinto puede colaborar a formular interrogantes distintos: ¿cómo pasar la cuarentena sin que el cuidado de los demás recaiga sobre las mujeres?, ¿cómo generar una distribución de tareas al interior de los hogares que nos involucre a todxs?, ¿cuál es el rol del Estado en una situación de pandemia?, ¿qué hubiese ocurrido si continuábamos con nuestro Ministerio de Salud devaluado en Secretaría?, ¿qué sucede con las personas que no tienen empleo o carecen de empleos seguros en una situación como esta?, ¿en qué contribuyen a la salida de la epidemia los escraches, los juicios y señalamientos estigmatizantes que circulan en los medios de comunicación y las redes sociales?, ¿cómo viven los controles policiales para el cumplimiento de la cuarentena las poblaciones que frecuentemente son violentadas por esta institución?, ¿cómo armamos redes solidarias y estrategias de cuidado social?, ¿cómo redistribuimos lo que requieren aquellos miembros de la sociedad más vulnerados?, ¿qué pasa con la gente que vive cotidianamente en una situación de excepción?
En una nota publicada en los primeros días de la pandemia, Amador Fernández Savater propone respecto a la pandemia del Coronavirus “habitar la situación, no dejarse simplemente gestionar”, se pregunta qué significa eso y responde: “Poblar la situación de nuestras preguntas, nuestros pensamientos, nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestros saberes, nuestras redes de afecto… Habitar, estar presentes, no ser sólo espectadores o consumidores o víctimas de las decisiones de otros, sino sentir, pensar y crear a partir de lo que pasa, darle valor, compartirlo, hacer con ello mundo y vida”(1).

Las normativas establecidas legítimamente a partir de la situación de emergencia sanitaria, y toda la parafernalia de cuidados que se nos proponen desde los medios de comunicación y las redes sociales a partir de esas medidas, están dirigidas a aquellas personas o sectores de la población que entran dentro de los cánones de la “normalidad”. Por ejemplo, quedarse en la casa implica que las personas tienen una casa y que esa casa da seguridad o no implica una amenaza, conectarse con los seres queridos a través de la tecnología, implica acceso a esa tecnología. La pregunta que surge entonces es ¿Cómo acompañar a quienes quedan por fuera de esos parámetros de “normalidad”? ¿Cómo acompañar en la diversidad?

De excepciones cotidianas a normalidades inclusivas

No hace falta irnos muy lejos para notar que hay sectores de la población que están expuestos diferencialmente a los daños, a la violencia e incluso a la muerte. En este sentido, y otra vez siguiendo a Butler, podemos señalar que hay personas o grupos sociales que no consiguen cubrir ciertas necesidades –económicas, políticas y sociales– que garantizarían su subsistencia y, en consecuencia, comparten una condición de vulnerabilidad o de fragilidad que se maximiza con respecto a lxs demás.

Las personas usuarias de los sistemas de salud mental, sobre todo aquellas que permanecen internadas en instituciones psiquiátricas monovalentes, constituyen uno de esos sectores que están expuestos diferencialmente a los daños. La crisis sanitaria llega a nuestra provincia en el marco de una situación crítica que lleva mucho tiempo: déficit de personal, condiciones deficitarias de los hospitales neuropsiquiátricos, una deteriorada infraestructura que pone en riesgo a pacientes y trabajadorxs y la falta total de recursos agudizan la situación en la que se presenta esta crisis.

«La vida no cabe en un diagnóstico». Fotografía de Ana Paula Gauna.

¿Existen protocolos para el coronavirus en estos hospitales?, ¿qué sucede con la prevención cuando no hay suficientes camas en los hospitales monovalentes o cuando ante la posible internación de una mujer, el personal de salud debe lidiar entre el criterio clínico y el temor por la posibilidad de que sea abusada?, ¿es posible cuidar a lxs usuarixs con falta de personal?, ¿es posible cuidar al personal con falta de personal?, ¿cuántas personas se encuentran internadas porque están atravesando una agudización de su padecimiento y cuántas siguen en los hospitales por no contar con otros dispositivos que las alojen por fuera de la institución?, ¿qué pasa con lxs usuarixs que no tienen dónde dormir durante la cuarentena? (2)

En una situación en donde la mayoría de la población sufre el encierro ¿es posible seguir sosteniendo este método como parte de una práctica frecuente en salud mental que se considera aplicada “por el bien de las personas”? Cuando las medidas de bioseguridad en los contextos hospitalarios de salud mental nunca se ajustaron a garantizar el cuidado ¿cómo aislar a alguien que ya tiene el suficiente aislamiento social? De la situación epidemiológica y la crisis sanitaria, se sale colectivamente. No podemos olvidarnos de quienes no tienen los privilegios de un aislamiento seguro y en comunidad, y en ese sentido, el Estado provincial es responsable de no garantizar el cuidado integral.
El coronavirus avanza en un momento donde los sistemas de salud y los sistemas de protección social han venido siendo arrasados o reducidos a un mínimo. Luego de una etapa de neoliberalismo salvaje, no sólo en Argentina sino a nivel global, hemos visto desmantelado el sistema de salud pública con la argucia de que cada individuo es responsable de su propia salud (y de su propia muerte) y con la promesa del tan mentado éxito neoliberal (que nunca llega). Lo que la voracidad del mercado no pudo anticipar es que existen problemas colectivos que lo exceden y que lo vuelven impotente, que hay situaciones que no se resuelven en el individuo ni en la esfera privada y que demandan respuestas colectivas y un Estado capaz de sostenerlas y coordinarlas. Los momentos de crisis hacen que tengamos que reflexionar y cuestionar lo sabido y lo establecido previamente, como consecuencia, la respuesta a la crisis no puede ser considerada un proceso “neutral” basado en cálculos sobre costos-beneficios, sino fundamentalmente una respuesta ética y política que se deje afectar por otros valores o formas de vida.

Sostener la cuarentena requiere de un enorme esfuerzo de cooperación que implica reconocer nuestros privilegios, demandar derechos y orientar acciones hacia los grupos a los que les es muy difícil sostener esta estrategia. El coronavirus nos enfrenta al reto de lograr una mayor amplitud para un entendimiento y un compromiso común y nos demuestra que la salud no es algo individual sino una multiplicidad cuya protección reclama tanto de saberes diversos como de un Estado capaz de coordinar los esfuerzos colectivos. Como argumenta Gabriel Giorgi en una nota para el diario Página 12 “La epidemia es siempre un zoom sobre ese tejido vital compartido, iluminando las amenazas físicas pero sobre todo la amenaza de un sistema de salud y de protección social desfondado. Revela, una y otra vez, que el enemigo principal no es el virus, sino los poderes que nos abandonan a nuestra suerte”(3).

Acceso al trabajo. Escuchen y difundan nuestra... Cobertura de los medicamentos (acceso) - Fotografía de Ana Paula Gauna
Acceso al trabajo. Escuchen y difundan nuestra… Cobertura de los medicamentos (acceso) – Fotografía de Ana Paula Gauna

Cuando el virus haya pasado ¿realmente queremos que todo vuelva a la normalidad? Tal vez, a partir de esta experiencia de vulnerabilidad compartida podamos comenzar a acortar la distancia entre las vidas que a toda costa se intentan cuidar y las vidas que aparecen como “perdibles” porque están enmarcadas como vidas ya perdidas de antemano. Tal vez esta experiencia logre hacer evidente el hecho de que estamos todxs y cada unx de nostrxs en relación con los otrxs a partir de una vida que es necesariamente interdependiente y nos lleve a estar más atentxs a las diferentes condiciones (políticas, económicas, sociales) que hacen que la vida de algunos de nosotrxs emerjan como más valiosas que otras.
¿Qué es el pueblo?, ¿cómo nos volvemos pueblo?, ¿qué pueblo puede emerger a partir de una pandemia? o como dice Martín Rodríguez “¿cuántos pueblos hay en un pueblo?”(4). El “pueblo” no es algo establecido de antemano, sino que somos nosotrxs quienes marcamos el límite. Terminamos este artículo con una nueva referencia a Butler. Dice la autora “toda definición de lo que es «el pueblo» implica un acto de demarcación respecto al colectivo elegido (…) La clave de una política democrática no reside en la extensión del reconocimiento a cualquier persona en términos igualitarios, sino más bien en la idea de que solamente cambiando la relación entre lo reconocible y lo no reconocible se puede: a) asumir y perseguir la igualdad y b) convertir «el pueblo» en un campo abierto a elaboraciones más amplias .

Notas:

  1. La nota se titula “Habitar la excepción: pensamientos sin cuarentena (I)”, fue publicada en por el sitio Filosofía Pirata. Un cofre con ideas de Amador Fernández Savater y está disponible en el siguiente link: https://www.filosofiapirata.net/habitar-la-excepcion-pensamientos-sin-cuarentena-i/
  2. Muchos de estos interrogantes ya han sido abordados en otros artículos que elaboramos desde el Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos en relación a la pandemia del Covid-19 y publicados en este sitio.
  3. La nota a la que hacemos referencia se titula “Neoliberalismo, pandemias y las éticas del cuidado”, fue publicada el 20 de Marzo del 2020 en el diario Página 12y está disponible en el siguiente link: https://www.pagina12.com.ar/253987-neoliberalismo-pandemias-y-las-eticas-del-cuidado
  4. La frase está en una nota denominada “Caído del cielo” disponible en https://www.lapoliticaonline.com/nota/martin-rodriguez-caido-del-cielo/
  5. Las ideas que recuperamos de Judith Butler se encuentran en múltiples textos de la autora. Algunos de ellos son Vida precaria: el poder del duelo y la violencia de 2009, Marcos de guerra. Las vidas lloradas de 2010, Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea de 2017 y en otro texto que escribe junto a Athena Athanasiou y que se titula Desposesión: lo performativo en lo político de 2017. La cita textual pertenece a este último libro.

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